Hoy en día, se escucha por todos lados la idea de “vivir sanos”, “vivir conscientemente”, “llevar una vida natural”. Y salimos todos en busca de recetas, ejercicios, ropa, accesorios, equipos, etc. Cuando, en realidad, una de las formas más fáciles de vivir una vida sana, natural y de manera consciente, es ponerse unas zapatillas bien cómodas (ésas que tenemos hace mucho tiempo y que nos negamos rotundamente a jubilar) y salir a caminar.

“Caminante, son tus huellas
el camino y nada más”

Antonio Machado (poeta sevillano de renombre) seguramente tenía un par de zapatillas gastadas y cómodas. Y las usaba. Seguramente, para poder aclarar la mente y escribir en algún anotadorcito algunos de los poemas más lindos de la historia de la poesía española.

Salir a caminar tiene muchísimos beneficios. No sólo podemos encontrar nuestro lado creativo y convertirnos en poetas reconocidos, sino que también ayuda a mantener el cuerpo jóven y sano, aumentando los niveles de serotonina en el cuerpo, nos pone más contentos. ¿Qué tal? ¡Una vuelta a la plaza y somos artistas jóvenes, sanos y contentos!

“Ahora, sin chistes”.  La actividad física aumenta la fuerza y la capacidad de bombear sangre de nuestro corazón, con lo cual, caminar ayuda a mejorar el funcionamiento de todo el sistema cardiovascular. Además, el ejercicio de caminar ayuda a que las arterias tengan una mayor capacidad de dilatarse, aumentando la cantidad de sangre que puede llegar a los músculos y otras zonas de nuestro cuerpo.

Caminar también disminuye el riesgo de tener hipertensión y, a aquellas personas hipertensas, ayuda a reducir los valores de la presión arterial. Recordemos que, desde la medicina alopátia (la medicina tradicional que todos conocemos) “no hay cura” para la presión alta; sino que el único tratamiento es la medicación. También previene la aparición de diabetes, sobre todo en obesos o con antecedentes familiares de diabetes. Caminar es un elemento importante en el tratamiento de los pacientes diabéticos ya que mejora la respuesta a la insulina, hormona que controla el metabolismo y el nivel de azúcar en sangre. Asimismo la actividad física produce efectos favorables sobre el colesterol.

Salir a caminar previene la demencia senil, que afecta a 1 de cada 14 personas mayores de 65 años y 1 de cada 6 mayores de 80. Está comprobado que la actividad física tiene un efecto protector sobre la función del cerebro y el ejercicio regular reduce el riesgo de demencia en un 40 por ciento. Las personas mayores que salen a caminar varias veces a la semana pueden evitar la contracción del cerebro y así preservar la memoria a medida que pasan los años.

Hasta cierto punto, caminar es considerada como una actividad de carga (ya que uno debe mover el peso de propio cuerpo). Estimula y fortalece los huesos, aumentando la densidad ósea – muy importante, especialmente para las mujeres. También  mantiene la salud de las articulaciones ayudando a prevenir enfermedades como la artritis y tonificando las piernas, los glúteos y los abdominales.

Caminar a la luz del día incrementa los niveles de vitamina D del cuerpo – un nutriente que no solemos obtener a partir de los alimentos, pero que se puede sintetizar a través de la exposición a la luz solar. La vitamina D juega un papel muy importante en muchos aspectos, desde la salud de los huesos hasta la salud del sistema inmunitario. Está comprobado que exponer la piel al sol, con frecuencia pero sin que se queme, ayudará a producir suficiente vitamina D.

Caminar 30 minutos diarios representa un gasto de unas 1000 calorías a la semana. No es necesario caminar 30 minutos seguidos, a no ser que queramos perder peso. Entonces tendremos que aumentar a 40-45 minutos y hacerlo de una sóla vez, ya que la grasa depositada se empieza a quemar a partir de los 20-25 minutos después de haber iniciado una actividad.

Dicho y compartido todo esto, paso a dejar a un lado la computadora, calzarme las zapatillas más cómodas que tengo y salir a caminar. ¿Quién me acompaña?

“Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar…”

 

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