Contenido
Las claves
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Muchas personas duermen lo suficiente pero igual se levantan sin energía.
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La fatiga persistente puede relacionarse con inflamación del sistema inmune.
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La alimentación influye en los niveles de energía diaria.
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La microbiota intestinal cumple un rol clave en la regulación del organismo.
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Reducir ultraprocesados y aumentar la diversidad vegetal puede ayudar al equilibrio interno.
Por qué el cansancio no siempre tiene que ver con dormir poco
El agotamiento permanente dejó de interpretarse únicamente como falta de descanso.
Cada vez más personas duermen entre siete y ocho horas por noche, pero igual comienzan el día con sensación de fatiga.
Dolores de cabeza, dificultad para concentrarse y dependencia del café o bebidas energizantes aparecen con frecuencia.
El epidemiólogo británico Tim Spector, profesor de Epidemiología Genética en el King’s College de Londres, plantea otra explicación.
“Ahora sabemos que la fatiga está relacionada con algo que ocurre en nuestro sistema inmunológico y con los niveles de inflamación”, explicó en el pódcast ZOE Science & Nutrition.

Inflamación silenciosa: qué ocurre dentro del cuerpo
Según el especialista, la fatiga persistente puede reflejar una actividad constante del sistema inmune.
Cuando el organismo detecta amenazas, reales o percibidas, activa mecanismos de defensa que consumen energía.
Si ese estado inflamatorio se prolonga en el tiempo, el resultado aparece en forma de agotamiento físico y mental.
El cuerpo entra en una especie de modo de alerta continua.
No se trata de una enfermedad aguda, sino de un proceso interno sostenido que reduce la vitalidad.
La relación entre alimentación y energía diaria
El epidemiólogo señala que la dieta puede influir directamente en ese proceso inflamatorio.
Los alimentos ultraprocesados —ricos en azúcares refinados, grasas industriales y aditivos— generan picos bruscos de glucosa y lípidos en sangre.
Esos cambios metabólicos activan respuestas inflamatorias que afectan el estado de ánimo y la energía.
En ese contexto, algunas personas experimentan mejoras en su vitalidad incluso antes de notar cambios en su peso corporal.

La microbiota intestinal, una de las claves
Otro punto central en la explicación de Spector aparece en el intestino.
La microbiota intestinal —el conjunto de bacterias que viven en el sistema digestivo— participa en la regulación de la inflamación del organismo.
Cuando la alimentación contiene poca fibra y baja diversidad vegetal, la variedad bacteriana disminuye.
En cambio, una dieta rica en plantas favorece un microbioma más diverso y resistente.
El especialista propone un objetivo concreto: consumir al menos 30 tipos diferentes de plantas por semana.
Este enfoque se basa en investigaciones como el American Gut Project.
Cambios en la dieta que recomienda el especialista
Para mejorar la diversidad intestinal y reducir la inflamación, el experto sugiere algunos hábitos alimentarios.
Entre ellos:
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Priorizar frutas y verduras de colores intensos
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Incorporar alimentos ricos en polifenoles
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Reducir ultraprocesados al mínimo
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Consumir alimentos fermentados “poco y a menudo”
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Reemplazar parte de la proteína animal por legumbres y fuentes vegetales
Estas prácticas buscan favorecer un equilibrio interno que impacte también en los niveles de energía.

Un cambio de enfoque sobre el cansancio
Durante años, el agotamiento cotidiano se explicó principalmente por estrés o falta de sueño.
La investigación actual suma otra perspectiva: el sistema inmune y la inflamación también participan en la ecuación.
Esto no significa que toda fatiga tenga origen alimentario ni que modificar la dieta solucione cualquier cuadro.
Pero el especialista sostiene que la energía diaria depende en gran parte del equilibrio biológico interno.
Conclusión
El cansancio persistente puede reflejar procesos internos relacionados con el sistema inmune y la inflamación.
La alimentación y la salud intestinal aparecen como factores clave en el equilibrio energético del organismo.



