Cuento Corto: «La Verdad»

LA  VERDAD

Entonces lo miró. El mate en una mano y la pava en la otra, desde su silla de paja . No lo relojeó, lo miró.

-¿Qué andás buscando?

– Una respuesta , tal vez. He venido hasta acá, queriendo saber la verdad.- pidió el más joven.

-Solamente el tiempo te dá la verdad, y yo ya tengo poco.

-Ya va siendo hora de que arreglemos nuestras cuentas , antes de que sea demasiado tarde.

-Tarde, ¿para quién?- torció el viejo.

-Tarde para todos. No quisiera que San Pedro no lo dejara entrar.-

-Sabés que no creo en él ni en nadie. Sólo en mi sombra que nunca me dejó para querenciarse con otro pago.

El joven , desganado, acerca otra silla y se sienta a su lado. Habían pasado ya muchos años y no quería volver a discutir  para  alejarse. Ambos sabían de soledades y dolores.

-¿Cómo está?

-¿Quién?

-Usted , viejo. ¿Cómo está? ¿ Necesita algo?

-Te necesité hace tiempo y no  te arrimaste. ¿ Por qué creés que te voy a necesitar ahora?

-Porque  a nosotros ya nos queda apretado el corazón.

-No te hagas el pueta , ahora. Acá ya no tenés nada. Tu mamá murió sin verte. Tus hermanas se jueron a otros pagos. Yo ya estoy muy viejo para remendar corazones.

-Ya lo sé. Me equivoqué y he venido a pagar mi deuda, si es necesario;  pero quiero saber la verdad,  antes de irme.

-Nunca entendí para qué venís, si siempre te vas. No tenés raíz en ningún lado. Los de ahora, son así. Van cambiando tanto  e rancho que ninguno les pertenece.

-¿Me va a decir si es mi padre o no?

-¿Para qué? ¿ No te crié acaso? ¿ No tuviste lo necesario acá? ¿Para qué remover tanto dolor?

-Necesito saberlo.-insistió el más joven.

-Lo que vos necesitás saber es que la vida y el tiempo te enseñan , como mama y tata. Si no sabés escucharlos, no sirve de nada que preguntes.

-Es inútil. Algo me decía que no tenía que venir.

-Será porque no sos de acá. Dejá  que tu zaino descanse un poco, comé algo y seguí tu camino.

Se levantaron de sus sillas, entraron en la humilde casa y por última vez compartieron algo más que dolores y recuerdos.

Entrada la noche, el joven montó su caballo y volvió por donde vino. El viejo lo siguió con la mirada hasta que se perdió en la oscuridad.

Sabía que no volvería nunca más, como lo había hecho  su padre.

Amalia Fuino, dic. 2019
Navegadora de la ficción, curiosa de la palabra.

SOBRE LA AUTORA

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