No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas.” Mary Wollstonecraft. Hoy te saludamos a vos, mujer, por todo lo que aportas al mundo desde este lugar que has elegido. Gracias por la femineidad que das a tus actos.

Hoy te saludo y te hablo a vos, mujer. O a la parte femenina de tu ser, hombre. Hoy quiero decirte que no te olvides. Que permitas expresarte con amor, porque eso eres. Hoy, desde mi corazón de mujer, abrazo el tuyo dándote las gracias, porque juntas damos amor a la tierra. Y porque Somos la Tierra.

Gracias por tu cuidado y tu sonrisa de la mañana. Por tu amor en preparar el desayuno y tu rapidez en hacer todo y que nada falte. Gracias por contener no sólo a tu familia sino a todas las personas con las que te cruzas. Gracias porque en tu vientre, con hijos o no, siempre albergas anhelo de crianza, de nutrición y de protección. Gracias porque tu ser equilibra el mundo, llenándolo de color y de esencias. Gracias porque el hombre no es hombre sin mujer, ni la mujer sin hombre. Porque ambas partes, femenino y masculino, habitan en las partes sutiles de todos nosotros. Y porque juntas son un todo perfecto.

Gracias por ser completa, perfecta e íntegra tal cual eres. Gracias porque sostienes, recibes, contienes al mundo entero entre tus brazos y entre los párpados del corazón. Gracias por soportar, por empujar, por apaciguar, por llorar y por hacerlo aún con una sonrisa en los labios.

Gracias por compartir la bendición de ser Mujer conmigo. 🙂
Además de mis palabras, te comparto las del gran autor Eduardo Galeano, en uno de sus textos cortos. Espero te acompañe siempre, para recordar que somos miles y que nada se rompe, ni se pierde y que las ideas y los sueños son lo que usamos para crear cada rincón del mundo.
Mariana.

El arte de vivir 
En 1986, el Nobel de Medicina fue para Rita Levi Montalcini.
En tiempos difíciles, durante la dictadura de Mussolini, Rita había estudiado las fibras nerviosas, a escondidas, en un laboratorio improvisado en algún rincón de su casa.
Años después, tras mucho trabajar, esta tenaz detective de los misterios de la vida descubrió la proteína que se ocupa de multiplicar las células humanas, y recibió el Nobel.
Ya rondaba los ochenta años, y decía:
-El cuerpo se me arruga, pero el cerebro no. Cuando sea incapaz de pensar, sólo quiero que me ayuden a morir con dignidad.

(Eduardo Galeano, de “Los hijos de los días”, Siglo XXI, Buenos Aires, 2012)

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